¿Por qué me cuesta poner límites?

La habilidad de relacionarnos con los demás de una forma adecuada y poniendo en práctica un estilo de comunicación asertivo, sin dejar de lado nuestros principios, puede suponer todo un desafío, sobre todo si no conocemos o tenemos una idea errónea en torno a la importancia de establecer límites.

Somos seres sociales, es decir, vivimos en un entorno donde estamos continuamente interactuado con otras personas, llegando a necesitar de los otros en gran parte de los aspectos o situaciones que se dan a lo largo de nuestro día a día. Esta interacción sin duda, ha favorecido nuestro desarrollo como sociedad. 

Sin embargo, aunque sociales, somo seres únicos con una personalidad y formas de pensar muy diferentes los unos de los otros. Seguramente habrá personas con las que podamos congeniar más y personas con las que no tengamos nada en común. No obstante, con ambas tendremos que convivir. Y con ambas deberemos llegar a acuerdos para poder vivir en armonía.

La importancia que le otorgamos a lo que puedan opinar los otros miembros del grupo o el miedo a poder decepcionarlos, puede hacer que, en ocasiones, podamos dejar de lado el respeto hacia nuestra esfera más personal, cediendo ante peticiones que vulneraban nuestros deseos o delegando nuestro propio bienestar, con tal de lograr agradar a otra persona o lograr su validación. 

Algunos de los motivos por los que no nos vemos capaces de establecer límites saludables son los siguientes:

Por aprendizaje 

Desde muy niños hemos aprendido patrones de conducta, tanto por imitación, como por la presencia de refuerzos o castigos o por la transmisión de ciertas reglas de conducta con el fin de encajar en una sociedad un tanto exigente y que, en el pasado, ha visto los comportamientos de autocuidado, como el establecimiento de límites, como algo despectivo hacia los demás o propio de personas “egoístas”. 

Puede que hayamos obedecido ciegamente ante cada demanda o petición que nos exigían nuestros padres o cuidadores principales, ya que hacerlo nos aseguraba una ganancia y no hacerlo, una reprimenda. Y ese patrón se ha mantenido en el tiempo y generalizado al resto de personas que nos rodean (jefe, amigos, compañeros de trabajo, pareja…).

Baja autoestima

Cuando tenemos baja autoestima nos cuesta establecer límites saludables, ya que solemos necesitar la validación o la aprobación de los otros para sentirnos mejor con nosotros mismos. La presencia de gratitud puede ser un refuerzo muy poderoso cuando no te aprecias lo suficiente. Por otra parte, si no tenemos una autoestima lo suficientemente positiva, demos menos importancia a nuestros deseos, priorizando lo que quiere el otro sobre nuestros propios intereses.

Culpa

La culpa es una emoción muy desagradable y poderosa. El temor a sentirnos mal por no poder complacer o poder defraudar a los que nos rodean, ya que creemos que, al no ceder ante sus peticiones, les estamos fallando o estamos siendo malos amigos, malos hijos, etc. 

La culpa está muy presente cada vez que intentamos decir NO. Anteriormente, negarnos a realizar algo que nos pedían los demás, aunque ello conllevara dejar de lado nuestros intereses, podía estar duramente castigado, mediante juicios de valor o rechazo por parte de la sociedad hacia la persona que establecía estos límites. Actualmente y por suerte, esto está cambiando, animando a las personas a delegar, a decir no o a rechazar peticiones, si ello va en contra de sus necesidades y/o deseos.

Soledad

Sin duda, la sensación de soledad no deseada es una de las sensaciones más incómodas que puede experimentar el ser humano. 

El miedo a perder a alguien importante para nosotros, como lo puede ser un amigo o nuestra pareja, o el miedo a quedarnos solos, pueden influir en nuestra capacidad de establecer límites con las personas que nos rodean. Podemos tener la creencia de que, al no hacer aquello que los demás quieren o al no estar siempre disponibles, los perderemos. 

Entonces, ¿Qué podemos hacer para empezar a poner límites?

1. identifica cuales son tus límites:

Reflexiona sobre cuáles son tus necesidades, deseos y valores.

2. Se asertivo a la hora de comunicar tus limites o preferencias

Expresa tus necesidades y expectativas de forma directa y respetuosa, asegurándote de que los otros entiendan tus límites y la importancia que tienen para ti. No es necesario extenderte a la hora de dar explicaciones.

3. Aprende a decir No sin sentirte culpable (o aprendiendo a tolerar la culpa)

Decir que no quieres hacer algo, no es fácil, pero es una forma de respetar tus propios límites personales.

4. Practica el autocuidado.

Poner límites también implica priorizar tu propio autocuidado. Trata de dedicar tiempo de calidad para ti. Establece límites en cuanto a cómo distribuyes tus recursos y cómo te cuidas a nivel físico, emocional y mental.

Imagen de Jennifer Navarro

Jennifer Navarro

Psicóloga General Sanitaria, especializada en ansiedad, estrés y bienestar emocional.
Acompaño a personas que desean sentirse mejor, desde un enfoque cercano, humano y basado en la evidencia científica.

Si al leer este artículo algo de lo que se ha nombrado resuena contigo y te apetece hablarlo acompañada, aquí tienes un espacio preparado para escucharte.