Ansiedad condicionada
La ansiedad condicionada ocurre ante esas situaciones en las que sentimos angustia, sin que realmente entrañen necesariamente un peligro o riesgo.
Entonces, ¿por qué sentimos ansiedad?
La ansiedad, como hemos dicho en alguna ocasión, tiene la utilidad de prepararnos para actuar ante ciertas situaciones difíciles o que impliquen algún riesgo o desafío importante:
- A nivel fisiológico hay unos cambios que nos ayudan a actuar, como el aumento de riego sanguíneo, la tensión de los músculos o la respiración acelerada.
- A nivel cognitivo hay presencia de pensamientos rumiativos en torno al peligro o desafío, y una focalización de la atención en el mismo
¿Por qué aparece la ansiedad condicionada?
Cuando aparece una situación amenazante, o que nuestro cerebro interpreta como potencialmente peligrosa, se activa nuestro sistema nervioso autónomo (SNA), ofreciéndonos las condiciones necesarias para que nuestro cuerpo responda de la forma más eficiente posible: sube nuestro ritmo cardiaco para bombear más sangre hacia nuestras extremidades, nuestra respiración se acelera, nuestros músculos se preparan para la acción, nuestros pensamientos giran en torno a las consecuencias de la situación amenazante… Durante este proceso, además, se forma un aprendizaje con alta carga emocional, que nos ayudará a actuar ante situaciones similares que puedan darse en el futuro. Aquí intervienen dos estructuras importantes que son la amígdala y el hipocampo. La amígdala es clave para procesar emociones, principalmente el miedo y la ansiedad, además de intervenir en el aprendizaje emocional. Se sitúa próxima al hipocampo. El hipocampo interviene en la consolidación de la memoria a largo plazo y en la respuesta emocional, en este caso regulando el almacenamiento y producción de estados emocionales vinculados a situaciones donde ha ocurrido una alta carga emocional.
Por ello, cuando observamos elementos o situaciones parecidas, nuestro sistema nervioso se activa y aparecen los síntomas de ansiedad.
Aunque NO exista un peligro real
¿Qué puedo hacer?
En primer lugar, conocer el motivo de su aparición nos ayudará a verla desde otra perspectiva.
Cuando aparece un episodio de ansiedad, hay que hacer un ejercicio de toma de conciencia, donde nos centraremos en conocer cómo se manifiesta en nuestro cuerpo, que tipos de pensamientos aparecen y en qué circunstancias. De esta manera podremos clarificar el origen de la misma, lo que nos ayudara a trabajar en su gestión, fomentando la tolerancia y aceptación de sus síntomas.
Aceptar que, aunque desagradable, no es peligrosa.
Los síntomas de la ansiedad pueden vivirse de forma angustiosa y muy desagradable. Parece que nuestro cuerpo pierde el control sobre si mismo, apareciendo síntomas descritos anteriormente, como una respiración dificultosa, un ritmo cardiaco acelerado, u otros síntomas como sensación de hormigueo, visión borrosa o presencia de zumbidos. Sin duda, hay una activación fisiológica importante. Estos síntomas pueden confundirse con otros de mayor gravedad, y ser vistos como la aparición de un ataque al corazón o incluso, sensación de que algo muy grave está ocurriendo.
Ir exponiéndonos de forma paulatina a las situaciones que nos generan ansiedad.
Exponernos de forma paulatina y controlada por un profesional a la situación angustiante, facilitará la formación de nuevos aprendizajes en torno a la peligrosidad de la misma. Igualmente, la propia exposición a la respuesta psicofisiológica dará lugar a una habituación de los síntomas.
Poner en práctica técnicas de control de la activación, como la respiración diafragmática o el “mindfulness”.
Si la respuesta psicofisiológica es tan intensa que nos impide hacer nuestra vida con normalidad, el uso de técnicas de control de la activación, como la relajación autógena o la respiración diafragmática, favorecerá que nuestro nivel de ansiedad disminuya, pudiendo volver a realizar nuestras actividades del día a día con mayor o menor normalidad. Tener mayor control sobre estos síntomas, también nos puede ayudar en el inicio de la exposición a la situación angustiante, permitiéndonos permanecer por más tiempo en la misma y favoreciendo nuestra pronta recuperación.
Poner en práctica ejercicios que favorezcan la atención centrada en el momento presente.
Muchas veces aprendemos a vivir “en piloto automático” no prestando atención a lo que está ocurriendo a nuestro alrededor o a la actividad que estamos llevando a cabo. Esto favorece que nuestra atención “vaya por libre” y aparezcan gran cantidad de rumiaciones angustiantes, que incrementen la presencia o permanencia de los síntomas ansiógenos.